Descubrir J'adore l'Or

La vida no es en blanco y negro…
La vida es de Oro

La quintaesencia de J'adore

Un ramo de flores exaltado donde ninguna nota se impone y todas concuerdan. Extrema, noble y de una asombrosa intensidad controlada, la creación de François Demachy apuesta por el encuentro entre las flores más bellas de Grasse y una faceta oriental inédita en el universo de J'adore. Una fragancia audaz con matices opulentos, de la que brota una seducción inmediata.

El encuentro entre Grasse y Oriente

J’adore L’Or exalta su ramillete floral gracias al absoluto de Rosa de Mayo y al absoluto de Jazmín de Grasse. Estos absolutos proceden de las flores recogidas en el Domaine de Manon, íntegramente cultivadas para Dior. En esta tierra excepcional, situada entre mar y montaña, se reúnen las condiciones climáticas singulares que dan a estas flores su carácter único.

Mezclados con la delicadeza de estas materias primas extraordinarias, la vainilla de Tahití y el haba Tonka poseen la fuerza de seducción de las notas suaves y envuelven las notas florales con una caricia voluptuosa. Gracias a la expresividad de estas dos notas, François Demachy revisita la composición con un oriental, insuflándole una interpretación moderna.

Una pieza de excepción

El capuchón del ánfora de J'adore se reconoce inmediatamente por su largo cuello hierático ceñido por finos juncos dorados. Como una joya preciosa, el de J'adore Dior reinterpreta con refinamiento la ligereza destellante de un hilo Couture.
Su relieve poliédrico revela los detalles de un savoir-faire experto, y su textura esculpida invita a tocarlo.
Este savoir-faire ha dado lugar al nacimiento de un ánfora realizada en cristal de Baccarat cuyo capuchón dorado con oro fino y esculpido por un Maestro Grabador es un modelo de artesanía: J'adore Joaillerie edición Prestige.

La elegancia de la desmesura

Hoy, J’adore L’Or decide expresar toda su desmesura en un nuevo gran formato de 400 ml que realza la belleza del vidrio y sublima el capuchón de J’adore. Esculpido como una joya, está finamente grabado y luego sumergido en un baño de oro que le confiere su aspecto destellante. Una realización que ilustra un talento artesanal extraordinario. Una obra maestra coronada por una cuenta de vidrio límpida, culminación de la famosa silueta en forma de Ocho del ánfora de J'adore. Toque final, es como una gota posada en equilibrio con una infinita delicadeza.