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Una dirección mítica

Una dirección mítica

Los lugares son como las personas. Una mirada, una casualidad, una impresión nos ligan a ellos para siempre. Ahora bien, desde que lo vio, lo quiso. Al pasar delante del nº30 de la Avenue Montaigne, Christian Dior supo que este pequeño palacete tenía que albergar su casa de modas. Evidentemente, las cosas no son tan sencillas. O tal vez sí…

La elección del lugar, una evidencia

Con «sus proporciones reducidas, su sobria elegancia sin un pedigrí demasiado abrumador», es el edificio perfecto y se sitúa, como él quería, cerca de un gran hotel. Ideal para la clientela extranjera a la que quiere llegar. Su amiga Suzanne Luling y él encuentran la place Vendôme pasada de moda, de modo que el Ritz está descartado.

30_montaigne_evidence_vze_01La circulación en sentido único de la avenue George V, la estrechez del Faubourg-Saint-Honoré y de la rue de Berri siempre atascadas excluyen de oficio el Prince-de-Galles, el George V, el Bristol y el Lancaster. Queda pues el Plaza y la Avenue Montaigne que tiene la inmensa cualidad de albergar en el número 30 esta «casa muy pequeña, muy cerrada», «a la escala modesta de su sueño ambicioso».

En pleno trabajo

Convencido de no poder establecerse más que dentro de estos muros, Christian Dior inicia una cruzada y hace saber al estado mayor de Boussac que el nº 30 de la Avenue Montaigne debe ser suyo… ¡porque es su casa! Su convicción es tal que a nadie se le ocurre contradecirle. Y el 16 de diciembre de 1946 sobre las 9, el modisto inaugura su palacete... junto con las obras que durarán hasta la misma mañana de la presentación de su primera colección.

30_montaigne_travaux_vze_02Durante un poco más de dos meses, se vive en un clima de efervescencia en el nº30 de la Avenue Montaigne. Al cruzar una puerta, en medio de las obras, es fácil cruzarse con el reputado artista Christian Bérard, «arbitro de todas las fiestas, de todas las elegancias» que, paseando su mirada junto con su perro Jacinthe, da su opinión sobre un determinado detalle y sugiere mejoras menores aunque decisivas.

El arte de la decoración

No obstante, la fiel transposición de la «atmósfera decorada pero no decorativa» a la que aspira Dior para su maison, se la confiará a Victor Grandpierre. «Nuestros gustos concuerdan a las mil maravillas en la búsqueda común de nuestros paraisos de la infancia.» Con el paso de los días, el edificio compuesto por algunas habitaciones, salones y dependencias que permiten acoger a las 85 personas que forman el equipo desdes sus orígenes, reviste el estilo neo-Luis XVI preferido por el modisto desde siempre.

30_montaigne_decoration_vze_03La carpintería blanca, los espejos dorados, las arañas de cristal, las paredes tapizadas de gris Trianon, los muebles lacados blancos, las puertas de cristal con cuadrado biselados, los apliques de bronce con pequeñas tulipas, los medallones Luis XVI, las sillas con respaldo de rejilla, las telas de Jouy, los dibujos de Gruau, las flores primorosamente elegidas y otros detalles de esteta… El conjunto hace gala con seguridad de una sobriedad y una sencillez «sin dureza» destinadas a no «desviar la mirada de la colección», sino a servirle de estuche cálido y elegante.

La escalera, símbolo mítico

Lo que emana de este lugar providencial, es ante todo la vida, el movimiento. Suzanne Luling y la agregada de prensa Harrisson Elliott comparten una minúscula oficina cuya apertura principal es el ojo de buey del hall de entrada. En primera fila para observar a todo el que entra y sale del palacete, olvidan las curiosas corrientes de aire... El estudio se instala en el antiguo saloncito: para compensar la falta de espacio de la habitación hay que salir al rellano y las escaleras para contemplar las creaciones.

30_montaigne_escalier_vze_04Una escalera que será invadida cuatro días antes de la presentación de la primera colección por los obreros en huelga de una casa de modas vecina que reclaman que los talleres de Dior también cierren por solidaridad.

Un crecimiento al cabo de los años

Las temporadas transcurren en esta efervescencia única en la que se entremezclan la alegría (sobre todo el día de Santa Catherine en que oficinas, talleres y boutique se transforman en un gigantesco baile), el trabajo y… las obras, siempre las obras. Y es que la Casa no deja de crecer. En 1948 se hace necesario añadir algunas plantas sobre las antiguas caballerizas. Pronto 25.000 personas se desplazarán cada temporada para ver las colecciones. Se amplía el rellano suprimiendo el ascensor. En 1949 se alquilan, en los alrededores del edificio principal, el nº11 bis, el nº13 y el nº15 de la rue François-Ier. La boutique de zapatos Dior/Delman se sitúa junto al café François-Ier que… rápidamente se ve obligado a ceder su lugar a la boutique Colifichets de Dior.

Siete años después de su creación, la maison ocupa cinco edificios, cuenta con veintiocho talleres y emplea a más de mil personas. El «modesto palacete» de 1946 se ha transformado en un vasto laberinto inmobiliario en la esquina de la Avenue Montaigne y de la rue François Ier. Modisto visionario, Christian Dior es también un empresario moderno. Sus salones y talleres incluyen servicios sociales, una enfermería construida con la ayuda del arquitecto Chaysson y una sala de relajación para las modelos. Un puente acristalado se asoma sobre el patio antes de llegar hasta la planta baja del edificio donde hay un comedor «para todos». Allí se reunen los empleados, es un punto de encuentro en el que cada cual paga según salario. Más adelante, Christian Dior instalará una habitación junto a su oficina, un enclave privado, íntimo, en este lugar convertido en el centro de la moda, el patrón del buen gusto en todo el mundo, recordando así que la expresión «casa de modas», no solo habla de moda…

Todavía hoy, es en el número 30 de la Avenue Montaigne donde late el corazón de Dior y el palacete sigue inspirando a los creadores de la Casa. Si François Demachy,Perfumista-Creador de Dior, imagina con Gris Montaigne un perfume «como homenaje a la boutique histórica», Raf Simons, director artístico de las colecciones para mujer, recibe a los invitados de su desfile de alta costura otoño-invierno 2013-2014 en un espacio que retoma la decoración de los salones de paredes Trianon; allí donde vio la luz la historia Dior.