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Los signos y la superstición

El azar, en los cimientos de la Maison Dior

Todo es signo, es señal. Todo tiene un sentido. Christian Dior quiere creer en su fabuloso destino. En su buena estrella. Como esa tarde del 18 de abril de 1946. Tiene 41 años y trabaja para Lucien Lelong. Al día siguiente tiene una cita con Marcel Boussac, el industrial más famoso de la posguerra. El conocido como el «Rey del algodón» quiere proponer a Christian Dior que asuma la dirección artística de una casa de moda: Philippe et Gaston. Christian Dior tiene dudas. Tiene claro que se trata de una decisión importante puesto que ya en tres ocasiones, el azar le había señalado con el dedo este fabuloso destino que le espera. Un amigo de la infancia, Georges Vigouroux, con el que se cruza tres veces seguidas por las calles de París, conocía a Marcel Boussac e intenta convencer a Dior de volar hacia su futuro. «¿Pero para qué?», se preguntará sin duda aquel que ignora aún el alcance de lo que aportará a la Alta Costura, a las mujeres e incluso a la proyección de Francia en el extranjero.

signes_et_superstition_hasard_vze_01Sin embargo, al subir por la rue du Faubourg Saint-Honoré, Christian Dior casi se cae al tropezar con un objeto que hay en el suelo, como si el propio objeto intentase llamar su atención. Se vuelve, se acerca, constata que está justamente delante de la embajada de Inglaterra y entonces se acuerda de su infancia en Granville, Normandía, frente a las islas inglesas, esta infancia y ese amigo, Georges Vigouroux, y sus pensamientos le recuerdan el dilema que tendrá que dirimir al día siguiente con Marcel Boussac. Christian Dior se agacha y recoge el objeto que habría podido hacerle caer: es una estrella, la que le propulsará al firmamento de la Alta Costura y del lujo, su lucero del alba que le indicaba entonces el camino a seguir. La respuesta será «sí», comprende en ese momento que ya no podrá esquivar a su destino. Pero un «sí» con condiciones: al día siguiente, animado por la confianza de que su estrella no le engañará, Christian Dior anuncia a Marcel Boussac que no dirigirá la casa Philippe et Gaston. Sino que está preparado para abrir una casa a su nombre «donde todo sería nuevo desde el talante y el personal hasta el mobiliario y el local».

Una predilección por las videntes que dicen la buenaventura

«El azar siempre acude en ayuda de las personas que tienen grandes deseos de hacer algo», escribe en sus memorias. Christian Dior heredó claramente de su abuela materna ese gusto tan pronunciado por las artes adivinatorias, las echadoras de cartas, las señales del destino, las premoniciones. De hecho conoce a su primera vidente en 1919, a los14 años de edad. Dispuesto a disfrazarse en cuanto surge la ocasión, el joven Christian se había vestido de gitano para la kermés caritativa organizada en Granville en beneficio de los soldados. Con una cesta colgada del cuello con cintas, se encarga de vender los amuletos de una quiromante.

signes_et_superstition_predilection_vze_02 Al haber cumplido su papel a la perfección durante todo el día, la vidente envuelta en pañuelos de colores se ofrece al caer la tarde a leerle las líneas de la mano. «Te verás sin dinero pero las mujeres te serán favorables y gracias a ellas saldrás adelante. Así obtendrás grandes beneficios y tendrás que hacer muchas travesías.» Las mujeres, el viaje a América, la fortuna… Con el tiempo, todo se cumple.

signes_et_superstition_predilection_vze_03Las videntes lo acompañarán durante toda su vida, dándole consuelo a su corazón herido, permitiéndole seguir albergando esperanzas y viviendo o simplemente ayudándole a tomar decisiones cruciales para su carrera. Uno de sus apoyos más fieles, su tarotista Madame Delahaye, le predice sin descanso de junio de 1944 a mayo de 1945 el regreso de la deportación de su adorada hermana Catherine. La visión se impondrá a la de los resignados, a los pesimistas y a la suerte trágica de millones de hombres y mujeres. Su hermana menor, joven miembro de la resistencia, es efectivamente liberada del campo de Ravensbrück al concluir la guerra. Será esta la misma vidente que le ayuda a tomar una decisión que alterará el curso de su vida, y el de la moda…

signes_et_superstition_predilection_vze_04Al recibir dos propuestas para crear su propia casa de modas, Dior acude rápidamente a ver a Madame Delahaye. «¡Acepte! me ordenó ella, ¡acepte! Tiene que crear la casa Christian Dior. Con independencia de cuales sean las condiciones iniciales, ¡nada de lo que puedan ofrecerle más tarde es comparable a la oportunidad que se le presenta hoy!» Él sabe que su intuición es acertada. Su vidente ya le ha demostrado que no se equivoca nunca. La estrella hallada delante de la embajada de Inglaterra no hará más que confirmar los presentimientos.

La superstición, en lo más profundo de la Maison Dior

La primera colección presentada el 12 de febrero de 1947 es una auténtica bomba, el New Look impone una nueva elegancia. A partir de la primavera del 47, las mujeres ya nunca volverán a ser las mismas. Con la llegada de los aires nuevos y la primavera, Christian Dior está pendiente también de la llegada de su flor de la buena suerte: el muguet. Supersticioso y detallista, introduce en el dobladillo de todos sus modelos de Alta Costura una brizna de la delicada flor seca, que él mismo también tiene cerca. Lleva en el bolsillo de su chaqueta un relicario trabajado que encierra la querida flor. Asimismo tiene siempre al alcance de la mano un trébol de cuatro hojas, dos corazones, un pedazo de madera, una pieza de oro… Le divierte jugar con los números. El 8 en especial, que se vuelve mágico. La casa de Costura está en el 8º distrito y comprende, «tras el pequeño palacete inicial», «un edificio nuevo de ocho plantas –ocho talleres- que sustituye a otro edificio asimismo de ocho plantas», comenta Dior en sus memorias. La cifra también marca con su grafía sensual los contornos de esta silueta revolucionaria: «clara y bien torneada, pecho destacado, talle marcado, caderas acentuadas», evocando más una belleza fatal que una fatalidad…
Todavía hoy los amuletos de Monsieur Dior acompañan a la historia de la casa. De la estrella centelleante posada en lo alto del edificio Dior en Ginza al reloj Dior VIII, de la colección de maquillaje otoño 2013 que adorna el rostro con colores de reflejos «Mystic Metallics» a la línea de joyas del desfile de prêt-à-porter otoño-invierno 2013, que conjuraba a la suerte vistiendo las manos y las orejas con adornos estilo amuleto. Todas ellas son creaciones hechas bajo el signo de la buena suerte, como para provocar una suerte infinita.