La historia del 30 Montaigne
Un diálogo entre legado y modernidad

“Fue en 1946 cuando me mudé al número 30 de la avenue Montaigne. Esta encantadora residencia tenía entonces suficientes estancias y salones elegantes, además de rincones, para albergar a las ochenta y cinco personas que éramos por aquel entonces”.
Christian Dior
Los orígenes
“Se detuvo frente a dos pequeños palacetes contiguos, los números 28 y 30 de la avenue Montaigne”. Christian Dior se prometió a sí mismo que, si alguna vez había de fundar su propia casa de moda, sería allí “... y en ningún otro lugar”. En 1946, el destino parecía responder a sus peticiones y un golpe de suerte le guio hasta esta residencia, que había quedado desocupada.
Se instaló allí y confió al decorador Victor Grandpierre la misión de recrear el ambiente sobrio, moderno y neoclásico que tanto le gustaba. Desde su primer desfile, el 30 Montaigne se convirtió en un símbolo de excelencia y elegancia parisina.
Un legado viviente
El hôtel particulier del número 30 de la avenue Montaigne, construido en 1865 por el conde Colonna-Walewski, hijo ilegítimo de Napoleón I, brilla hoy con su encanto original gracias a la sutil restauración de la histórica fachada, donde se han conservado los intrincados balcones, las volutas y el cautivador mascarón de piedra.

Este edificio prototípicamente parisino invita a los visitantes a sumergirse en un reino de los sueños completamente reinventado que rinde homenaje al savoir-faire de la alta costura y la joyería, al arte de disfrutar de la vida y de regalar, a la gastronomía, a la belleza y a la cultura, promesas de experiencias atemporales. Este extraordinario escenario combina audacia, excelencia, diálogos artísticos y virtuosismo arquitectónico, y se revela a través de una escenografía original que pone de relieve los múltiples universos de Dior y numerosas creaciones exclusivas.





